Hace unos días me quedé sorprendido con unas declaraciones del secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, en la que aprovechando el anuncio de Sony del acuerdo con el organismo futbolístico para transmitir algunos partidos del Mundial en 3D, comentó que se sentía orgulloso de que el Mundial pudiese servir como plataforma para potenciar la tecnología en el deporte.
Dicha declaración no hubiera trascendido de no ser por que Joseph Blatter, semanas atrás, defendió la no utilización de cualquier medio visual para ayudar a los árbitros a tomar decisiones durante el partido. Ya sé, ya sé… probablemente el Sr. Valcke se refería a la utilización de la tecnología para disfrutar la manera en la que se ve el fútbol más que su aplicación en los partidos. Sin embargo no deja de ser una contradicción… o una disparidad de opiniones en un organismo que se caracteriza por ser bastante reacio a cambiar sus puntos de mira en asuntos como este.
Sea lo que sea, los debates siguen abiertos. Unos apoyan el uso de tecnología para poder disfrutar de un partido más justo, sin decisiones basadas en una reacción rápida del arbitro, y si no que se lo digan a Irlanda (en este caso el uso del video les hubiera “echado un mano”).
Por otro lado están aquellos que prefieren dejar las cosas como están. Quieren disfrutar del juego tal y cómo ha sido siempre, con sus fallos, sus riesgos y jugadas polémicas que crean el debate cada lunes por la mañana. Y es que porqué no decirlo… el fútbol es así.

Células fotosensibles en cada línea de la cancha, micrófonos que capten todos los insultos de los futbolistas, medias con sensores para confirmar la intensidad de los golpes, electrodos que muestren el nivel de agresividad de los jugadores, mil cámaras que se dispongan alrededor de la cancha para informar sobre cada movimiento de la pelota, pelotas con cerebro para determinar las coordenadas exactas de su posición cada millonésima de segundo, en fin, toda la electrónica al servicio de la veracidad. En ese campo gana la tecnología al futbol.
Cuando la tecnología gane dejará el futbol de ser un juego, para convertirse en una especie de pasatiempo televisivo, donde todos confíen en la exactitud y rectitud de los árbitros. O quizás ni los árbitros sean necesarios, porque un software dirá si ha habido una falta o no.
Los buscadores de la verdad, amantes de la precisión, moralizadores que niegan la mano de dios, estarán satisfechos, aunque el juego se convierta en una máquina para satisfacer a los inseguros. Para ellos el siguiente paso será prohibir la mentira en el póker.
Los que amamos el juego, lo lúdico, lo espontáneo, la habilidad de los jugadores para hacernos creer que tienen una fantasía en los pies, buscando el error en el otro equipo, ocultando la diversión a los ojos del árbitro, acariciando el espacio que está más allá del bien y del mal, fundaremos la organización del futbol clásico, aquel juego que esté eximido de precisión, de tecnologías, con pelota de cuero, árbitros humanos y jugadores que estén dispuestos a luchar en todo terreno y lugar para defender su camiseta recurriendo a todas sus habilidades, incluyendo la picardía.
RGPaz